Por: Fernando Rodríguez
En los últimos cinco años hemos escuchado con frecuencia sobre la sustentabilidad que las empresas deben implementar en sus procesos para desarrollar productos o servicios que, al lanzarse al mercado, contribuyan a mejorar nuestro entorno en aspectos económicos, sociales y ambientales. Sin embargo, este concepto suele replicarse desde culturas muy distintas a la mexicana, donde las condiciones sociales y económicas son más favorables, y cuentan con infraestructuras más sólidas.
Observamos que estos países enfrentan retos como el cambio climático, la salud y la innovación, y muchos de sus proyectos resultan exitosos porque provienen de naciones más desarrolladas. Pero cuando intentamos replicar estos modelos en México, nos enfrentamos con diversas barreras. Aunque haya ideas brillantes, las condiciones económicas y sociales impiden que se implementen con éxito.
Un ejemplo es el evento Startup Weekend, que se realiza en distintas ciudades del país. Ahí se reúnen cerca de 300 jóvenes para formar equipos de cuatro integrantes y desarrollar un proyecto completo de startup. Algunos se especializan en software, otros en mercadotecnia o estrategias digitales. Al finalizar, muchos equipos presentan modelos de negocio similares, que sobre el papel lucen prometedores. Sin embargo, cuando se intenta validar la idea con personas reales, surgen los problemas.
Un caso específico fue el de unos jóvenes que propusieron diseñar un brasier para la detección temprana del cáncer de mama. Al entrevistar a mujeres, la mayoría mostró interés por la propuesta. Pero al intentar comercializarlo, descubrieron que no había un mercado con poder adquisitivo suficiente para comprarlo. En otras palabras, no existía una masa crítica que hiciera viable el negocio. Aquí, lo sustentable deja de ser sostenible. Por más que la idea sea buena, si no es rentable, tiende al fracaso. En México, falta respaldo tanto social como económico para muchos de estos proyectos.
Sí existe un mercado, pero es limitado. Solo el 3.85 % de la población Mexicana pertenece a una clase alta o media alta que podría adquirir este tipo de productos sin dificultad. Tal vez el 19.23 % de clase media o media baja podría hacerlo eventualmente. Sin embargo, la gran mayoría —el 76.92 % que pertenece a la clase baja o de escasos recursos— no tiene acceso a ellos. No es que estas personas no quieran ayudar al medio ambiente o llevar un estilo de vida más saludable, sino que tienen prioridades más urgentes, como alimentar a sus familias, que están por encima de consumir productos “ecofriendly”, por ejemplo.
Por eso es crucial comprender el contexto en el que vivimos, analizar nuestra realidad y buscar alternativas adaptadas a nuestro entorno. No basta con copiar lo que funciona en otros países; es necesario transformar esos modelos para que realmente tengan un impacto positivo y redituable.
Nota: Se utilizó la IA para mejorar la redacción, corregir errores gramaticales y consultar referencias para su investigación.
Startup Weekend. (2024). ¿Qué es Startup Weekend y por qué importa?. Techstars.

1 comentario. Dejar nuevo
Está súper interesante todo lo que planteas. Me gustó mucho cómo aterrizas el tema de la sustentabilidad a la realidad de México, porque muchas veces solo repetimos modelos de otros países sin pensar si aquí realmente funcionan. También el ejemplo del brasier me pareció muy claro para entender lo difícil que es emprender algo bueno cuando no hay mercado que lo respalde. ¡Muy bien explicado